De qué trata
La primera duda con los zapatos suele llegar en un paseo cualquiera. Tu bebé se pone de pie agarrándose a un banco del parque, quiere bajarse del carrito o la silla de paseo y, de repente, te fijas en lo áspera que es la acera.
En casa, lo mejor son los pies descalzos. Fuera, el suelo está frío, mojado o caliente, o tiene cosas que cortan, y unos pies tan pequeños necesitan una barrera. A esta edad, los zapatos no sirven para enseñarle a andar. Solo protegen los pies de lo que pisan.
Para andar por casa no hacen falta zapatos
Es fácil pensar que un bebé que da sus primeros pasos tambaleándose y agarrándose a los muebles necesita unas botitas de piel de caña alta que le sujeten los tobillos. Los pediatras dicen justo lo contrario. Los bebés mantienen el equilibrio abriendo los dedos de los pies y notando el suelo. Una suela rígida no deja pasar esas señales. En casa, descalzos o con calcetines de puntitos de silicona, los pies tienen libertad para agarrarse al suelo y ganar fuerza de forma natural.
Los zapatitos de cuna y las zapatillas blandas de gateo quedan preciosos en la estantería, pero son de adorno, no de uso. Lo mismo vale para los paseos en los que tu bebé va todo el rato en el carrito, en la mochila portabebés o en el fular. En el carrito, los zapatos rígidos sirven sobre todo para una cosa: salir volando de una patada y perderse por la calle. Quédate con unos calcetines suaves o unos patucos hasta que de verdad pise el suelo de la calle.

Fuera, empieza por mirar el suelo
En la calle, la temperatura acota la elección, pero el suelo la decide. Una acera ardiendo en verano, la gravilla que corta o las virutas de madera del parque hacen daño en unos pies que todavía son muy delicados. Con calor, las sandalias van bien, pero busca que tengan la puntera cerrada o unas tiras firmes, para que las virutas y las piedrecitas no se cuelen debajo del pie.
Cuando refresca, cuidado con la trampa de los calcetines. Si metes unos calcetines gruesos de invierno en un zapato de primeros pasos que ya iba justo, los dedos quedan apretados y la sangre circula peor. Y así los pies se enfrían más, no menos. Si cambias a calcetines de lana más gruesos porque el suelo está frío, comprueba que el zapato o la bota sigan teniendo holgura.

24° o más
Sandalias cerradas para suelo seco y caliente. Elige una suela flexible y una tira firme que sujete bien el talón.

8–23°
Zapatos de primeros pasos flexibles y cerrados para caminos secos, aceras y parques. Debajo, los calcetines que tocan ese día.

Por debajo de 8°
Botas de abrigo para suelo frío. Pruébaselas con calcetines gruesos y comprueba que la suela todavía se dobla.
Si llueve, que el calcetín no se moje
Un bebé que ya anda no esquiva los charcos. Los busca. Un zapato de piel normal se cala a los diez segundos de pisar hierba mojada, y tu bebé acaba con los calcetines chorreando y los dedos fríos. Con lluvia y temperaturas suaves, cambia a botas de agua. Si hace frío de verdad, sigue con unas botas de invierno resistentes al agua.

Con lluvia y 8° o más
Las botas de agua sustituyen a las sandalias o a los zapatos de primeros pasos. Por debajo de 8°, sigue con las botas de invierno.
Fíjate en lo que pesan las botas antes de comprarlas. Las katiuskas de goma de caña alta de toda la vida suelen ser rígidas y pesadas. Para quien acaba de aprender a andar, unas botas pesadas son como llevar plomos en los tobillos: tropieza más y se frustra. Busca botas de agua ligeras o botines impermeables de suela fina y flexible, para que pueda seguir dando pasos con normalidad.
Las botas mojadas se quitan en la puerta. Quítale enseguida los calcetines húmedos y deja las botas abiertas para que se aireen antes de la siguiente salida. Si estás fuera de casa, lleva una bolsa impermeable pequeña en la cesta del carrito, para que las botas llenas de barro no te pongan perdida la bolsa de los pañales.

Pruébaselos de pie y andando
Comprar los primeros zapatos suele ser un ejercicio de paciencia. Muchos bebés encogen los dedos como un puño en cuanto el zapato les roza el pie. Acaríciale la planta para que relaje los dedos, abre bien el cierre y mete el pie con el talón bien plano. Pruébale los zapatos de pie, con los calcetines que llevará en la calle.
Mientras está de pie y carga el peso, localiza al tacto el dedo más largo. Entre ese dedo y la punta del zapato tiene que quedar más o menos el ancho de tu pulgar. Así los dedos tienen sitio para abrirse y crecer. Mira también el talón. Si se le sale al dar tres pasos, el zapato le queda grande, aunque de largo parezca que está bien.
Antes de comprar, haz siempre la prueba de doblarlo. Coge el zapato y lleva la puntera hacia el talón. Tiene que doblarse con facilidad a la altura de la base de los dedos. Si tienes que hacer fuerza para doblar la suela, tu bebé tampoco podrá. Las zapatillas de moda rígidas obligan a quien empieza a andar a pisar con torpeza, con todo el pie plano.
Al quitarle los zapatos, mira si hay marcas rojas. Un enrojecimiento leve que se va en unos minutos es normal, pero unas marcas rojas profundas significan que el zapato aprieta de ancho o de alto en el empeine. Para los primeros pasos, mejor no usar zapatos heredados ya gastados. El zapato coge la forma del pie y de la pisada de quien lo estrenó, y eso puede desequilibrar a quien está empezando a andar.
Los pies de un bebé crecen a una velocidad asombrosa. Comprueba la talla cada cuatro semanas. Un zapato que en septiembre iba holgado puede apretarle los dedos antes de que acabe octubre.







