De qué trata
Miras el tiempo y ves dos cifras. La grande dice 12°. Justo debajo, en letra más pequeña, pone «sensación térmica: 9°». Luego miras por la ventana, ves que los árboles se mueven y empiezas a echar más cuentas. Si la sensación es de 9° y encima hace viento, ¿habrá que abrigar todavía más?
No sigas restando. La app ya ha hecho esa cuenta por ti. Viste al bebé para 9° y no le des más vueltas.
El viento solo se resta una vez
El viento enfría porque se lleva la fina capa de aire caliente que se queda pegada a la piel y a la ropa. Un termómetro normal cuelga a la sombra y sin viento, así que no puede medir esa corriente. La sensación térmica calcula lo deprisa que el aire en movimiento se lleva ese calor.
Si ves las ramas moverse, ese viento es justo la razón de que la sensación térmica esté por debajo de la temperatura del aire. Explica que con 12° la sensación sea de 9°. Pero eso no es motivo para restar otra vez. Si vistes al bebé para 6°, a los diez minutos de paseo estará sudando y protestando.

Tres grados pueden cambiar toda la ropa
Tres grados parecen poca cosa sobre el papel, pero a menudo marcan el paso a otra ropa. Con 12° de temperatura del aire, un bebé que va en el carrito o en la silla de paseo necesita la ropa para 12–15°, con solo una chaqueta ligera por fuera. Con una sensación térmica de 9°, pasas a la ropa para 8–11°, y ahí ya hacen falta calcetines de lana, forro polar y gorro fino. Esto es lo que cambian esos tres grados:

Solo con la temperatura del aire: 12°
Sin contar el viento, vestirías al bebé como para un día suave: body de manga larga, pantalón grueso, calcetines finos, rebeca y chaqueta ligera.

Con la sensación térmica: 9°
Si tienes en cuenta la brisa, la ropa cambia: pantalón grueso, calcetines de lana, un forro polar más grueso, abrigo y un gorro fino que le tape las orejas.
La cifra marca el abrigo. La chaqueta frena el viento
Una rebeca gorda tejida a mano parece muy calentita a la hora del desayuno, pero el punto está lleno de huequecitos. Las rachas de aire frío pasan entre los puntos y llegan al pecho del bebé. Ponerle otra rebeca debajo solo le quita movimiento y comodidad, y la corriente sigue entrando.
Una chaqueta ligera cortavientos o un buzo de nailon resuelven el problema desde fuera, porque dejan el aire caliente dentro. Debajo, vistes al bebé según la sensación térmica, y la capa de fuera se encarga de desviar la brisa.
En casa, mira el termómetro de la habitación
La sensación térmica es cosa de la calle. En cuanto cruzas la puerta, olvídate de esa cifra. Una acera con viento a 7° y un salón tranquilo a 21° piden ropa completamente distinta.
La trampa más grande llega con los recados de la mañana. Vistes al bebé para un paseo fresco y luego entras con el carrito en un supermercado, un autobús o una cafetería con calefacción. El viento desaparece de golpe, manda la calefacción y, de repente, el bebé lleva encima tres capas de calle que ya sobran.
Nada más entrar, abre la cremallera de la chaqueta o del saco de silla y quítale el gorro. La ropa de la calle se queda en la puerta. En casa y para dormir, tu única guía es el termómetro de la pared del cuarto del bebé.
Mira la hora a la que sales, no la máxima del día

Mira el tiempo a la hora de salir
Si sales a las 08:30, nunca vistas al bebé para la máxima de la tarde. Mira la temperatura de ese momento y echa un vistazo a las dos horas siguientes por si vienen rachas de viento.

Elige las capas por la sensación térmica
Usa la sensación térmica como base para el abrigo. Si no hace viento, coincidirá con el termómetro. Si hace viento, fíate de la cifra más baja.

Mete dos dedos por detrás del cuello
A los diez minutos de paseo, tócale la nuca. Si la piel está calentita y seca, has acertado. Si está pegajosa o húmeda, abre una capa.
En la calle, las manos y los pies del bebé suelen estar frescos porque los vasos sanguíneos pequeños se estrechan para mantener caliente el tronco. Es la circulación normal, no una señal de que se esté helando. Mientras el pecho y la nuca estén calentitos, la ropa que has elegido funciona.
Preguntas frecuentes
¿Y si el termómetro marca 12° y la sensación térmica es de 9°?
Para salir, viste al bebé para 9°. Es decir, la ropa del carrito para 8–11°, más abrigada, con calcetines de lana y forro polar, y no la chaqueta ligera que elegirías para 12°. A los diez minutos de paseo, mete un dedo por detrás del cuello para comprobarlo.
¿Y si hace sol pero la sensación térmica es baja?
Viste al bebé para la sensación térmica, que es la cifra más baja. El sol se nota calentito en la cara, pero el aire en movimiento sigue enfriando el carrito. Mantén las capas de abrigo y baja la capota del carrito si el sol le da directamente en los ojos.
¿Y con el calor húmedo del verano?
La sensación térmica también sirve cuando hace calor. Con mucha humedad, el sudor no se evapora, así que el aire se nota más caliente de lo que marca el termómetro. Si con 26° la sensación térmica es de 30°, viste al bebé para 30°: una sola capa holgada, mucha sombra y que beba a menudo.
¿Por qué tiene las manos frías si he elegido la ropa por la sensación térmica?
En la calle, las manos y los pies frescos son normales, porque la circulación de un bebé guarda el calor en el pecho y la tripa. Tócale la nuca o el pecho. Si ahí la piel está calentita y seca, tu bebé está a gusto.







