De qué trata
Abres la puerta de la calle, el viento te azota las piernas y enseguida dudas de la ropa que le acabas de poner a tu bebé. Lo primero que se te ocurre es añadir otro jersey o un forro polar más gordo. Pero el punto y el forro polar tienen pequeños huecos, y el viento pasa a través de ellos como si nada.
Deja las capas de abrigo que elegiste según la sensación térmica y añade por encima una capa de tela lisa y tupida que corte el aire.
No cuentes el viento dos veces
Cuando miras por la ventana y ves las ramas doblarse, dan ganas de restar de cabeza unos cuantos grados más. Pero la app del tiempo ya ha hecho esa cuenta: la sensación térmica incluye el frío que añade el viento. Si vistes al bebé como para una helada cuando solo hay 11° y viento, pasará calor en cuanto te resguardes detrás de un edificio o entres en una tienda.
Hacia los 25 km/h, las rachas ya se notan y el carrito o la silla de paseo puede empezar a coger el viento como una vela. A 40 km/h, te verás echando todo el peso sobre el manillar. Llegados a ese punto, ningún jersey de más hará agradable el paseo. Elige una ruta resguardada cerca de casa, o da la vuelta y deja la salida para cuando haya menos viento.
La capa de fuera hace el trabajo
Una rebeca gruesa de punto y una chaqueta cortavientos parecen igual de calentitas cuando las coges, pero hacen trabajos muy distintos. La rebeca y el forro polar guardan el aire caliente pegado a la piel. Pero su tejido es abierto, y el viento pasa a través. Por encima va una capa de tela lisa y tupida que frena el aire y no deja escapar ese calor.
Cortavientos no quiere decir comprar equipo de alta montaña. Sirven una chaqueta sencilla de nailon, un buzo de invierno de tela lisa o la parte de arriba del saco de silla, con la cremallera cerrada. El truco está en mirar por dónde se puede colar el viento: cuellos muy abiertos, puños flojos y pantalones que se suben por encima de los calcetines cuando el bebé da patadas.
Cortar el viento nunca significa cerrarlo todo a cal y canto. Deja la cara completamente al aire y despejada. Nunca le pongas una bufanda suelta alrededor del cuello, nunca tapes la abertura del carrito con una manta y nunca cierres un cobertor por encima de su cabeza.
SíCortavientos por fuera
El body y el forro polar guardan el calor junto al cuerpo. Un abrigo de tela lisa, bien cerrado, impide que el viento se lleve ese calor.
NoMás capas de punto
Dos rebecas abultan más, pero su punto abierto deja que la racha llegue directa a la piel.
Un buen gorro no tapa los ojos
Un gorro mono puede quedar genial delante del espejo, pero la primera racha fuerte suele arrancarlo o torcerlo. Los gorros flojos, además, tienen la manía de bajarse hasta los ojos. De repente el bebé no ve nada, empieza a protestar y tú acabas parando en cada esquina para subírselo.
Y en un gorro de punto flojo, el viento frío se cuela entre los puntos hasta las orejas. Los días de viento de verdad funciona mucho mejor un gorro con cintas suaves bajo la barbilla, una capota de bebé bien ajustada o un pasamontañas fino, porque no se mueven de su sitio. Si le subes la capucha de la chaqueta para abrigar más, comprueba que no empuja el gorro hacia la frente. En cuanto llegues a casa o subas a un coche caliente, quítale el gorro y bájale la capucha.
Antes que la ropa, mueve el carrito
Un golpe de viento en la cara puede asustar al bebé. El aire frío en movimiento provoca un reflejo natural: coge aire de golpe, parpadea, entorna los ojos y llora. Es fácil pensar que se está helando, pero muchas veces solo le molesta el aire en las mejillas. Antes de ponerle otra capa, cambia la orientación del carrito.

Extiende la capota del carrito hacia delante para que la tela de fuera se lleve lo peor de la racha. Si la silla se puede girar, ponla mirando hacia ti para que el respaldo frene el viento de frente. Un saco de silla con la parte de arriba cortavientos protege las piernas como un escudo, así que no hace falta un pantalón grueso de nieve debajo. Si la ruta pasa por detrás de edificios altos o por calles resguardadas, tócale la nuca al bebé. Sin viento, la misma ropa abriga más. Si la piel está caliente o pegajosa, ábrele la chaqueta o afloja el saco de silla.
Con viento frío, cuida las mejillas
Las mejillas suelen ser lo único que va al aire. Cuando el viento frío azota una piel tan delicada, se pueden agrietar y enrojecer en pocos minutos. Con una sensación térmica por debajo de 0°, o en días de viento seco y helado, una capa fina de bálsamo protector o de una pomada sencilla antes de salir le da a la piel una protección extra contra el aire.
No pongas el bálsamo cerca de los ojos ni de la boca. Que tenga las mejillas rojas justo después de un paseo con frío es de lo más normal y se suele pasar al entrar en calor. Pero si tiene zonas secas, la piel se le pela o tiene eccema, usa solo la crema emoliente que te recomienden tu pediatra o tu farmacia.
En el portabebés, tú haces de cortavientos
La mochila portabebés o el fular cambian por completo un día de viento. Tu pecho hace de gran cortavientos por delante, y tu cuerpo le da calor enseguida. Por eso el bebé necesita menos capas en el pecho y la tripa que en el carrito.
En el portabebés, lo delicado es lo que asoma al viento. Con el fular, el pantalón se sube con facilidad y deja los tobillos al aire, expuestos a las corrientes frías. Súbele unos calcetines largos por encima del pantalón o ponle unos patucos blandos que no se salgan con las patadas. Átale un gorro ajustado que le tape las orejas y comprueba que la nuca va bien cubierta.
Si añades un cobertor de porteo forrado, abróchalo por fuera del portabebés. Nunca le pongas al bebé un buzo de invierno grueso y abultado dentro del portabebés, y nunca cierres tu abrigo ni pases tu bufanda por encima de su cabeza. La nariz y la boca tienen que verse bien en todo momento.
Preguntas frecuentes
¿Y si hace viento y sol?
El sol con viento engaña: notas el calor en la cara mientras el aire te enfría las manos. Viste al bebé según la sensación térmica, no le quites la capa cortavientos y extiende la capota del carrito para darle sombra. A partir de un índice UV de 3, añade protección solar, como un sombrero de sol o la sombra de la capota del carrito, pero sin quitarle la capa contra el viento.
¿Y si hace viento y llueve?
La lluvia y el viento juntos se llevan el calor del cuerpo mucho más deprisa que el viento solo. Pon la burbuja de lluvia para que no entren ni el agua ni las rachas. La ropa de debajo sigue yendo según la sensación térmica. En cuanto estés a cubierto o dentro, quita la burbuja para que el aire fresco circule bien.







