De qué trata
Con el cielo gris, cualquier mañana parece más fría de lo que es. Lo primero que te pide el cuerpo es abrigar al bebé como en pleno invierno y envolver el carrito o la silla de paseo en plástico grueso. Suele salir al revés. Las burbujas transparentes dejan pasar menos aire y pueden retener el calor del cuerpo, y el carrito acaba convertido en un pequeño invernadero.
Separa las dos cosas: la ropa va según la temperatura real, y del agua se encarga la burbuja.
Debajo, la misma ropa que sin lluvia
La ropa dentro del carrito va según la sensación térmica, tanto si diluvia como si no cae una gota. Si el termómetro pide un body de algodón y un forro polar fino, la lluvia no lo convierte en un día de buzo de invierno. Con demasiada ropa bajo el plástico, el bebé acaba sudando y con la piel pegajosa antes de llegar a la esquina.

Prueba la burbuja antes del chaparrón
Las burbujas tienen fama de ser un engorro. Pelearse con un plástico rígido y unos velcros duros en pleno aguacero no se lo deseas a nadie. Pruébala una tarde seca, en la puerta de casa. Así sabrás exactamente cómo se engancha al chasis, por dónde se abre la ventana y cómo dejar las rejillas de los lados sin ningún pliegue.
Un carrito con burbuja es seguro mientras le entre aire. Una burbuja hecha para tu carrito trae ventilación para que el aire fresco pase por la silla. Nunca la sustituyas por un plástico suelto, y nunca tapes la abertura del carrito con una manta o una muselina. Si el viento empieza a levantar el plástico, busca un sitio donde no sople tanto y engancha bien las tiras de abajo.

Cuando llueve
Pon la burbuja de tu carrito con todas las rejillas despejadas. Quítala en cuanto entres en una tienda o en un autobús con calefacción.

Suelo mojado
Si el bebé no sale del carrito, necesita unos patucos blandos o unos calcetines de lana. Deja las botas de agua para cuando ya camine.

La bolsa para un día de lluvia
Guarda la burbuja doblada arriba del todo en la cesta del carrito. Si cae un chubasco, tienes que poder sacarla en tres segundos sin vaciar la bolsa en la acera mojada. Una calle con toldos en las tiendas es mejor ruta que un parque abierto cuando hay que ajustar algún cierre o calmar al bebé si llora.
Llévate siempre una muda (body, pantalón y calcetines) en una bolsita cerrada y seca. Hasta con una buena burbuja, el agua se cuela por un puño abierto o por unos zapatos mojados. Tener esa muda bien seca te salva el paseo si la humedad llega a la ropa. Al llegar a casa, sacude la burbuja y deja que se seque la silla antes del siguiente paseo.
Si ya camina, necesita su propia ropa de lluvia
Cuando el bebé ya baja del carrito para explorar, lo impermeable pasa a formar parte de la ropa. A partir de 12°, un mono impermeable sin forro o un chubasquero ligero mantienen la ropa seca. Entre 4 y 11°, pasa a un chubasquero forrado o a un mono impermeable con forro polar. Por debajo de 4°, mantén el buzo de invierno y, si llueve fuerte, confía en la burbuja del carrito.
El calzado depende tanto del termómetro como de los charcos. A partir de 8°, unas botas de agua flexibles le mantienen los pies secos. Por debajo de 8°, cambia a botas de invierno forradas e impermeables. Un bebé que va todo el paseo en el carrito no necesita botas de agua rígidas: pesan, se salen con facilidad y se quedan frías enseguida.
Antes de ponerle las botas, mira por dentro. Un forro húmedo del paseo de ayer empapa unos calcetines limpios al momento. Después de los charcos, quítale las botas ya bajo techo y mira cómo están los talones de los calcetines antes de volver a sentar al bebé en el carrito.
Porteo con lluvia: nariz y boca despejadas
Si porteas con lluvia, el calor cambia por completo. Tu pecho hace de estufa, así que en la mochila portabebés o el fular el bebé necesita menos capas que en el carrito. La protección más sencilla es un paraguas grande, tipo golf, que cubra a los dos. Si usas una chaqueta de porteo impermeable o un cobertor de porteo, se abrocha siempre por fuera del portabebés.
Lo primero es que pueda respirar bien. La nariz y la boca del bebé tienen que verse siempre y estar libres de tela mojada. Nunca subas la cremallera de tu chubasquero por encima de la cabeza del bebé ni le eches una capucha mojada sobre la cara para que no le llegue la llovizna. Para que no le caigan gotas en la frente, mejor un gorro de lluvia blando y con ala.
Pilla la humedad a tiempo
La lluvia casi nunca empapa al bebé de golpe. Se cuela por un cuello abierto, sube desde los puños mojados o gotea dentro de las botas. El sudor también puede humedecer la ropa por dentro si la burbuja va puesta durante un chubasco en un día templado. Si notas humedad, ponte a cubierto, quítale la prenda mojada y ponle la muda seca de la bolsa.
Con la ropa seca ya puesta, vuelve a tocarle la nuca. Si está calentita y el bebé no protesta, puedes seguir con el paseo. Si aun así sigue con la piel fresca o no se calma, vuelve a casa y dale calor poco a poco, piel con piel y con ropa seca.
Preguntas frecuentes
¿Puedo usar un paraguas en lugar de la burbuja?
El paraguas te protege la cabeza a ti, pero el viento mete la lluvia directamente en la silla. Una burbuja ajustada protege al bebé y te deja las dos manos libres para empujar.
¿Y si llueve en un día caluroso?
Mantén la ropa ligera. Si no hace frío, una burbuja de plástico se calienta muy deprisa, así que comprueba que todas las rejillas están abiertas y quítala en cuanto deje de llover.
¿Puedo dejar la burbuja puesta entre chubasco y chubasco?
Quita la burbuja cuando pare de llover. Si sopla viento sin lluvia, resguarda al bebé con la capota del carrito.
Si tu bebé sigue con frío después de secarse
Entra en un sitio caliente, cámbiale la ropa mojada y dale calor con suavidad. Llama al 112 ahora mismo si tu bebé se queda sin fuerza o no reacciona como de costumbre. Si sigue con frío, llama enseguida a tu pediatra o a tu centro de salud.







