De qué trata
Las aulas de la guardería son pequeños microclimas cálidos. Entre bebés gateando, puertas cerradas y la calefacción de siempre, la sala se queda fácilmente a 21° todo el invierno. Si eliges la ropa pensando en la acera helada de las 07:30, diez minutos después de llegar tu bebé estará sudando en la alfombra.
Piensa en el trayecto como en un envoltorio provisional. Para el camino, abriga a tu bebé con el saco de silla, una manta para el coche o el buzo de invierno, y quítaselo todo en la puerta. Debajo ya lleva la ropa para jugar en el suelo.
Primero la ropa para la sala, después las capas para el camino
La guardería es el sitio donde la ropa bonita conoce las témperas, el tomate y la arena mojada. Un peto vaquero rígido con diez automáticos de metal queda monísimo en el desayuno. Al tercer cambio de pañal, con el cambiador a tope, a los educadores ya no les parecerá tan mono. Allí cambian decenas de pañales cada mañana. Un pantalón elástico de algodón con cinturilla de goma se baja en un segundo y se sube igual de rápido. Deja los botones, los cuellos rígidos y las prendas de punto delicadas para el fin de semana.
La ropa de dentro es también la de la siesta. En la guardería no les ponen el pijama después de comer. A la hora de la siesta, el saco de dormir va directamente encima de lo que lleven puesto. Con una sudadera gorda con capucha, unos botones duros en la espalda o un cordón grueso en la cintura, tu bebé se pasa dos horas durmiendo encima de un bulto duro. Con algodón liso y transpirable, la siesta es mucho más cómoda.

En suelos lisos de vinilo o de madera, unos pies tan pequeños necesitan agarre. Los calcetines antideslizantes o unos mocasines de piel con suela blanda abrigan los pies y evitan resbalones. Si tu bebé todavía no anda, olvídate de los zapatos duros. Las suelas gruesas solo sirven para acabar a patadas debajo de las cunas.
Si vas en coche a la guardería, recuerda que el abrigo acolchado nunca va en la silla del coche. En un choque, el relleno grueso de invierno se aplasta y deja el arnés peligrosamente flojo. Bajo las correas, solo la ropa fina de dentro. Ajusta bien el arnés y, para el trayecto, pon una manta de abrigo por encima cuando ya esté todo abrochado.
La ropa de calle, en la percha y no en la mochila
Salen al patio a media mañana o justo después de comer. Para entonces, casi nunca hace el tiempo del desayuno. Una mañana fría a 9° puede acabar a 18° y con un sol radiante. Cuando tres educadores tienen que sacar a diez bebés al patio, nadie tiene tiempo de rebuscar en las mochilas. Si la capa de más no está colgada en su percha, no existe.
Cuelga en la percha un forro polar o una rebeca de abrigo para cuando refresque, y al lado un pantalón impermeable sin forro o un mono de agua para la hierba mojada y el arenero húmedo. Cuando el índice UV llegue a 3, deja un sombrero de ala ancha colgado junto al abrigo. Si dejas el carrito o la silla de paseo en la guardería, mete la burbuja en la cesta antes de irte a trabajar. Así, la tormenta de la tarde no te pillará por sorpresa a la hora de recoger.

Lo que lleva puesto
Ropa básica de algodón, suave y sin bultos, más la manta o lo que necesites para abrigar en el trayecto de la mañana.

En la percha
El forro polar, el pantalón impermeable, el sombrero de sol o las botas de agua, esperando la hora del patio.

En la bolsita de la muda
Una muda completa y limpia de ropa de dentro, bien cerrada en su bolsita, para las manchas y los escapes del pañal.
La muda es para las manchas, no para el tiempo
La muda no es una reserva por si baja la temperatura. Es el seguro contra desastres: el plato de sopa volcado, los juegos de agua y los escapes del pañal. Mete un duplicado exacto de la ropa de dentro: un body, un pantalón elástico y calcetines. Guárdalos en una bolsita con cremallera, bien cerrada, para que sigan secos y limpios en el fondo del casillero.
La trampa clásica de la ropa de recambio es el paso del tiempo. En septiembre metes un conjunto monísimo de 3 meses, te olvidas de que existe y, cuando llega el escape del pañal en enero, tu bebé de 7 meses ya no cabe en esas perneras. Así es como tantos bebés acaban con unos pantalones de chándal prestados por la guardería, con el nombre del centro escrito en el culete con rotulador permanente negro. Ata la revisión a algo que ya haces: cada vez que subas de talla de pañal, renueva la muda. Y cuando vuelva a casa un conjunto sucio en una bolsa de plástico, prepara el de repuesto esa misma tarde.
Por qué hay que marcar la ropa de la guardería
Todas las entradas de guardería se parecen: filas de perchas bajas con decenas de chaquetas azul marino, rebecas beis y botas amarillas iguales. Cuando una docena de bebés vuelve del patio a la vez, los abrigos salen volando en segundos y acaban amontonados en el banco. Si la etiqueta del cuello no lleva nombre, ese forro polar favorito estará en la caja de objetos perdidos antes de la comida.

No hace falta marcar cada calcetín, pero sí todo lo que se le quita a lo largo del día: chaquetas, rebecas, sombreros de sol, petos impermeables y los dos zapatos. Unas etiquetas adhesivas para ropa o treinta segundos con un rotulador permanente te ahorran comprar tres veces el mismo sombrero. Escribir el apellido por fuera de la bolsa no sirve de nada cuando la ropa ya está por el suelo.
Preguntas frecuentes
¿Qué zapatos necesita mi bebé en la guardería?
Si gatea, calcetines antideslizantes o mocasines de piel blanda para el suelo. Si ya anda, necesita dos pares: unas zapatillas de casa cómodas o calcetines antideslizantes para la sala, y unos zapatos resistentes para el patio, con tiras anchas de velcro que los educadores puedan cerrar en segundos.
¿Cuántas mudas dejo en la guardería?
A la mayoría de los bebés les basta con una muda completa. Si está en plena dentición, acaba de empezar con los sólidos o tiene escapes del pañal a menudo, deja dos. Lo importante es reponer la bolsita la misma noche en que vuelve a casa la ropa sucia.
¿Debe llevar gorro mi bebé en la siesta de la guardería?
Nunca. Dentro de la guardería y para dormir hay que quitarle el gorro y la capucha. Los bebés regulan la temperatura soltando el calor que les sobra por la cabeza y la cara. Con la cabeza tapada en una cuna calentita, puede pasar un calor peligroso.







